Resonancia Bioenergética

Emoenergética

Somos energía, racimos de emociones conscientes de sí mismos

La Emoenergética es parte importante de la Resonancia Bioenergética. Aunque ya llevaba un tiempo pensando en ello, creo que fue a principios de 1.999 cuando decidí empezar en serio con la tarea de desarrollar un modelo que fuera capaz de explicar qué son las emociones y, especialmente, de identificar un número mínimo de ellas que funcionarían como componentes fundamentales en toda la gama de sentimientos que un ser humano es capaz de experimentar.

Una de las primeras conclusiones a las que llegué es que las emociones parecían ser un mecanismo a través del cual el individuo se relaciona consigo mismo y con la realidad, una especie de tinte que amplifica y adorna la experiencia ofrecida por los sentidos. Los datos sensoriales nos informan sobre la naturaleza de lo que percibimos y las emociones añaden una capa extra de información que tiene que ver con la manera en como el entorno nos influye. Dediqué una buena cantidad de tiempo los siguientes años explorando y haciendo lecturas bioenergéticas, intentando discernir cada una de las que después llamé emociones nucleares. En el nivel más básico, el mundo nos afecta estimulando en nosotros sentimientos de deseo o rechazo, placer o dolor, que a su vez se expresan por medio de conductas o actividades como las de ataque-esfuerzo, protección-descanso, búsqueda-adquisición, continuación-expansión, paralización-defensa o huida-separación.

Entre 2008 y 2010 estuve inmerso en un periodo de investigación que finalmente culminó con la lista definitiva de las que iban a convertirse en las seis emociones del modelo de la Emoenergética. Identificarás fácilmente cuatro de ellas: alegría, miedo, tristeza y amor. Sin embargo, posiblemente te resultarán extrañas las otras dos: fuerza motriz y recreación. La elección de estas emociones fue sobre la base de sus propiedades individuales y debido a que podía percibir cada una de ellas como una resonancia o tono único y diferenciado.

Después llegó el gran reto de averiguar si había alguna ley que las relacionase. En un momento dado, tras varios meses más haciendo lecturas y todavía con la duda de si el modelo podría concretarse, yo mismo me quedé sorprendido de la belleza y sencillez del resultado final. Un solo diagrama, al que llamé el núcleo emocional o emoedro, integraba a las seis emociones junto con las relaciones que existían entre ellas. 

El estudio del núcleo emocional puede esclarecer cómo el individuo que somos (o como cualquier sistema o ser vivo) interactúa consigo mismo y con el entorno. Es un sistema naturalmente descentralizado, por ello, su funcionamiento óptimo es conseguido cuando ninguna emoción prevalece sobre las demás. A esta modalidad organizativa la he llamado complementariedad sin dominancia. Enseguida me di cuenta de que las emociones nucleares son, reflejan e interpretan los aspectos fundamentales ya existentes en la naturaleza y el Universo (expansión, entropía, fragmentación, contracción, unidad y simetría). Esto me ha llevado en los últimos años a hacer evolucionar a la Emoenergética desde un modelo psicológico a uno cosmológico. El aspecto concreto de la realidad, donde es posible encontrar información organizada, el Tonal, está configurado a través de estas mismas estructuras, los seis fundamentos, siendo una de sus manifestaciones lo que nosotros experimentamos como emociones. 

Textos y Fotografías © Chema Sanz 2018